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jueves, 26 de junio de 2008

Secreto de Estado

La sala estaba repleta de medios de comunicación. El Presidente, impecablemente vestido y en la posición marcial más lograda que pudo conseguir - los brazos rígidos y puños cerrados,- se encontraba unos metros separado y por jerarquía ligeramente detrás del Rey y de la Reina de la Nación. Más detrás, militares y demás personajes de la Democracia. Por la sala también había Jueces, guardaespaldas, técnicos de sonido y demás personajes característicos de dichas ceremonias acababan de completar el escenario que se presentaba ante sus ojos. Sabía que en su pueblo todas y cada uno de los televisores estaban encendidos y emitiendo la ceremonia de nombramiento de ministros del nuevo Gobierno, Que en el bar de Cándido había lleno absoluto, que no había otro local abierto en todo el pueblo.
Esa tarde le recordaba al día de su primera comunión, cuando sin saber muy bien como se encontró vestido de una manera impecable en una ceremonia que había ensayado muchas veces y aún así le superaba, siendo protagonista junto con otros niños y teniendo a sus espaldas centenares de ojos que observaban la ceremonia. Recién confesado de terribles pecados y absuelto por Dios Todopoderoso de haber dicho “tacos”, haber robado manzanas de un huerto y coger la escopeta de perdigones sin permiso. Aún así, después de haber sido limpiado su alma de todo pecado se sentía sucio, guardaba un secreto inconfesable que arrastraría muchos años.
Por delante suyo iban pasando otros compañeros de partido que recogerían las carteras de varios ministerios, gente con una apariencia impecable, matrículas de honor en facultades de derecho, con trajes impecables de buen corte que escondían las miserias humanas individuales, los secretos personales inconfesables que todos y cada uno de ellos y nosotros guardamos dentro nuestro, acercándose a la mesa con mantos bordados de hilo de oro y cojines a juego en los que se apoyaban la biblia y la constitución custodiadas por un Cristo en medio de ellas, en medio de un país que presume de laico.
Días antes habían empezado a ensayar el protocolo, sabía que una hoja llevaba el texto que debía decir, aunque lo sabía ya de memoria. " Prometo cumplir fielmente las obligaciones del cargo de Ministro de Economía con lealtad al Rey, guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, así como mantener en secreto las deliberaciones del Consejo de Ministros''. Luego debía dar media vuelta, saludar con una ligera inclinación de la cabeza a Sus Majestades y formar con los demás para la foto.
Se preparó para avanzar hacia la mesa de los juramentos notando como las bolas chinas le bailaban a cada paso, acordándose del conjunto de lencería femenina que llevaba para la ocasión oculto tras el traje sobrio con el que sería inmortalizado esa tarde, recordando el episodio de sexo en Chueca el fin de semana anterior donde le deslumbró un flash mientras ataviado con liguero, tanga, medias y sostén (de copa b) masturbaba a un joven chapero de la zona en una habitación de pensión, sin saber que horas más tarde de realizar el juramento saldría a la luz su secreto en un programa sin escrúpulos de prensa rosa.

5 comentarios:

Evitadinamita dijo...

A Solbes no le veo yo con bolas chinas, demasiado estrecho! Será que este ministro de J.J. es de ficción...;D

J.J. dijo...

Claro que es de ficción, si losupiera a ciencia cierta vendería yo mismo las fotos para que supiera lo que es entrar en crisis.

Capitan Tormentas dijo...

¿Así que era por eso, la cara de “estreñio” del Ansar?. La verdad que es muy fácil de imaginarlo con ligueros tras ese flequillo… Tas lucio con el final J.J, jajaja

Evitadinamita dijo...

hummm! es verdad Capitán! A Ánsar sí me lo imagino!!

Fet E. Stinks dijo...

Me encantan los finales felices.