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martes, 27 de mayo de 2008

El viento del norte (I)

Hola de nuevo. He estado un tiempo sin aportar mucho al space, pero entre cursos, oposiciones internas, trabajo y familia poco tiempo me quedaba. Creo que podré afilar los lápices, ordenarlos en el estuche de cuero, colocar un taco de folios en la mesa del estudio y dedicarme un rato cada día a escribir otra vez. Ya sabéis, intercalando relatos con crítica a la sociedad de consumo, pataletas y demás.
En este caso es un relato por entregas, ya que a veces, una idea que debía ser breve se extiende y cobra vida propia. Espero que guste a alguien.
I
Tenía la misma expresión de hacía quince años, con esa mezcla de sorpresa y desenfado abriendo los ojos hasta desaparecer los párpados, sonriendo desmesuradamente. Aunque a diferencia de hacía quince años, en los ojos se distinguían unas pronunciadas arrugas que comenzaban en el mismo punto de cada ojo y se dispersaban de forma radial hasta la sien, como si su mirada se hubiese alimentado de la sustancia de alrededor suyo dejando la piel vacía. La cara también había cambiado ensanchándose y pronunciando una papada que se distinguía aún riéndose. Se acercó con la mano abierta encajándola con la de Joel.
- Perdone, ¿es usted Joel, aquel niño que conocí el milenio pasado en mi barrio jugando a las canicas?
- Maldito cabrón, no has cambiado.
Se abrazaron con sincero entusiasmo, juntando el traje Armani con el uniforme de dependiente de Leroy Merlin. Era una sorpresa para Mario encontrarse a Joel en un café de Barcelona desayunando después de tantos años sin tener contacto.
- Cuanto tiempo. Vaya vaya, así que en Barcelona ¿Qué te trae por aquí? ¿tus padres bien?
- Murieron hace ya unos años.- Contestó Joel con gesto de masticar cristales.
- Vaya, lo siento. ¿Cómo fue?
- ¿No te lo contó tu madre? Un escape de gas en el bloque. Hubo muchos muertos.
- No sabes cómo lo siento. Hace ya algún tiempo que no me hablo con ella. ¿Te vas a quedar mucho tiempo en Barcelona?
- Depende del trabajo. Mínimo tres días.
- Pues entonces deberíamos quedar esta noche, ahora debo ir a trabajar, entro a las ocho y media.
- Vale, a las nueve de la noche estoy libre. ¿Quedamos?
- Pues eso. ¿Dónde te alojas?
- En el Reina Sofía.
- Vaya, te cuidas bien. Entonces eso, a las nueve en el Hall. Mira, suena como el Chiquito. Haaall.- Observó mientras se alejaba que Joel hacía una mueca forzada de sonrisa y levantaba la mano a modo de despedida.- A las nueve, ¿eh?
Mario salió dos minutos después del bar pensando en la época que se reunían los amigos alrededor de una xibeca en el parque de la fuente y en escenas puntuales que dejaban ver el carácter emprendedor de Joel desde la infancia. Su mano derecha arrugaba inconscientemente una servilleta cada vez con más violencia.

2 comentarios:

Enheduanna dijo...

Yo cuento como "alguien!?? Es que a mi me ha gustado jejeje.
Espero la segunda parte. Yo también prefiero las cosas concentradas por partes a una muy extensa. Y es que parece que no, pero leer cosas largas en la pantalla del ordenador, agota.
Ánimo.

J.J. dijo...

Por supuesto, quien quien qquiera que lo lea.